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NIñOS CANTORES DE VILLARRICA

¡Sonamos!!

Los jueves por las mañanas, con su guitarra y sus 12 años a cuestas, Pablo Giménez Fleitas sale de su casa del barrio San Blas y camina hasta el centro de Villarrica. Regresa cerca del mediodía, después
de haber rasgado el instrumento hasta el cansancio. Las tres horas semanales (9 a 12) de clases prácticas son para él y para sus compañeritos el hilo conductor de un proyecto de vida.


Muchos quieren dominar las cuerdas, porque sueñan con convertirse en artistas profesionales. Por eso vienen a la Escuela Municipal de Arte que funciona en un antiguo edificio, que a la vez es sede del museo Maestro Fermín López. Aquí se enseña guitarra y canto. Y se despliegan partituras con el objetivo de hacer que los chicos disfruten de la música, tocándola.

Al frente de la clase de guitarra está Fabio González, un muchacho moreno, delgado, de voz grave. Tiene 22 años y está en su primer ciclo de profesor, antes estuvo dos años como ayudante. Conocedor de las claves del aprendizaje, atribuye a la constancia el éxito de la carrera. "La evolución es lenta y difícil, pero no imposible.

Requiere de práctica. Yo siempre recomiendo media hora de práctica diaria, como mínimo. En base a este consejo estamos obteniendo resultados muy favorables", dice optimista. Y continúa con la lección. Muestra la posición de los dedos para la nota Do. Observan con atención las gemelas Liliana y Diana Espínola, de 13 años. Ambas están en el periodo de iniciación. Ellas -admiten- solo pretenden tocar en rondas de amigos o fiestas familiares, con el propósito de diversión. "Para entretenernos, más que nada", coinciden.

A los 30, Roberto Gómez decidió estudiar con formalidad las técnicas de los rasguidos. Toca en forma autodidacta, porque aprendió en base a folletos y mirando a algunos guitarristas. Pero hace dos meses empezó las clases y ahora se da cuenta de que su decisión fue acertada.

"Estoy progresando bastante", expresa contento. Jessica Martínez (13) también sabía tocar algo. Pero, convencida por los comentarios de que "en el museo Fermín López se enseña bien", optó por anotarse. Y aquí está con buenas ganas de leer pentagramas. "Me gusta, quiero ser una guitarrista virtuosa", sintetiza.

Juan Gualberto Duarte, más conocido por el apodo Panchi, es el profesor titular de la escuela de guitarra. El hombre de 33 años integra del renombrado trío San Valentín. Y tiene la suficiente trayectoria para liderar el grupo de aprendices. " Estamos enfocando netamente lo que es guitarra popular, dentro de los ritmos folclóricos latinoamericanos", explica de entrada.

De mañana vienen los principiantes y por la tarde, los del segundo año. Pero, en general, existe cierto grado de deserción. Empiezan en buen número y luego terminan poco más de la mitad. "Resulta que depende bastante del incentivo que puedan darles los padres. Muchas veces encaran esto como si fuera algo para cubrir el tiempo de sus hijos. Y así no funciona. Además, tiene sus gastos.

También los detalles técnicos de la guitarra deben cuidarse más, la altura de las cuerdas, la afinación, la calidad del instrumento, eso hace muchas veces que se desmotiven los chicos", comenta Panchi. A viva voz.

En otra sala suena con mucha fuerza la canción Acosta Ñú. Allí están los alumnos de vocalización y canto. Y, aunque no sea un conservatorio, el profesor Marcos Vázquez (23) dibuja en la pizarra algunas notas. Con su habitual compañera, la guitarra bajo el brazo, acompaña los ritmos que ensaya.

Durante las horas de teoría y solfeo controla el timbre de voz de cada integrante de su coro. "Acá hay chicos muy talentosos, pero como en la música es fundamental la práctica, mucho depende de eso, de que tengan continuidad", observa Marcos.

Visible es que las niñas son mayoría en la clase, el profesor tiene la respuesta: "A mí me parece que la gente cree que donde se paga más caro se aprende mejor y no aprovechan esto que ofrece la intendencia de la ciudad. Ellos son los únicos que están aprovechando. Después, los otros van a lamentar...", sentencia.

La que no necesitó que nadie le pregunte ¿querés estudiar música?, fue Nadia Grisel Saucedo. Pese a su corta edad, 9 años, entendió que debía guiar su pasión.

Angel Benítez, director de Cultura, y el intendente de Villarrica, Federico Alderete Guggiari.
"Me gusta el canto", define con una sonrisa espontánea. Otro que se emociona con las melodías, es Luis Alberto Almada. Este joven de 14 años, alumno del noveno grado, no tiene antecedentes familiares en el campo del arte. Pero él se juega el futuro en los escenarios.

"Quiero dedicarme a esto si es posible", lanza, como si fuera la estrofa de alguna canción. La Escuela Municipal de Arte ofrece también clases de violín, arpa, piano, órgano y danza, y comparte espacios con el Museo Municipal Maestro Fermín López, que se habilitó en 1976. El alargado caserón con corredor frontal y posterior data de 1842.

En 1850 fue sede de la escuela La Patria, en donde era profesor el maestro Fermín López. Según la historia, de este local escolar salió el docente con un grupo de alumnos para defender a la nación en la batalla de Piribebuy, durante la guerra contra la Triple Alianza (1865-1870).

Fermín López fue decapitado por los soldados brasileños y sus alumnitos que sobrevivieron fueron aniquilados en Cerro Corá. Hace cuatro años, Angel Benítez ostenta el cargo de director de Cultura de la Municipalidad de Villarrica. Y tiene su oficina en una de las salas del histórico inmueble.

El hombre de 77 años era cantor. Actuaba con inolvidables figuras del arte musical paraguayo, como Félix Pérez Cardozo, Prudencio Giménez y Herminio Giménez. Nadie mejor que él para entender la importancia de la formación artística de los jóvenes. "Esto significa mucho, porque se les está dando la posibilidad de aprender un oficio relacionado con la música. Y todo lo que tenga que ver con este campo es muy gratificante, porque se relaciona con la cultura".

Benítez reconoce que la fama bien ganada de Villarrica "cuna de la cultura" tuvo una leve caída, pero -reacciona- las aguas volvieron a su cauce. "Esa tradición se mantiene en la mente del pueblo. Tuvimos un pequeño bajón, pero ahora se está recuperando", insiste.

Atractivo acervo En los amplios salones del museo Maestro Fermín López el visitante puede ver uniformes militares de los dos grandes enfrentamientos bélicos que tuvo el país: Guerra del 70 y guerra del Chaco, contra Bolivia (1932- 1935).

Pertenencias de Manuel Ortiz Guerrero, fotografías de personalidades nacionales, un busto del mariscal Francisco Solano López, máquinas de escribir, escritorios y utensilios de la vida cotidiana: planchas a carbón, sillas, lámparas, artefactos de hierro.

En otra vitrina se exhiben las caligas o calzados litúrgicos utilizados por monseñor Felipe Santiago Benítez, en el Concilio Vaticano II. Arrinconadas se hallan viejas y macizas puertas que fueron de la Catedral y otras que pertenecieron a la demolida casa del poeta Natalicio Talavera.

Unos pocos años atrás fue derribada la vivienda del vate Manuel Ortiz Guerrero para levantar una clínica médica en su lugar. Poco o nada conserva Villarrica su patrimonio arquitectónico. "En gran parte ha desaparecido.

Es, primero, por la falta de conciencia. Segundo, no contamos con una ordenanza específica en cuanto a conservación del patrimonio histórico", admite Federico Alderete Guggiari, intendente municipal. En estos momentos -asegura el jefe comunal- existe un proyecto sobre la planificación urbana que contempla la preservación de los bienes históricos de la comunidad. Espera la aprobación de la Junta Municipal.

Ajena a las demoliciones y pérdida de edificios emblemáticos, Liz Andrea González sigue vocalizando. Le da placer interpretar la música paraguaya, que en su voz de contralto suena dulce como una flauta. La chica de 12 años (va al 7° grado) bien entiende que la expresión artística es propicia para el desarrollo integral de una persona.

Se sabe. La capital del Guairá siempre se caracterizó por ser cuna de intelectuales y grandes creadores de la música. Mantener ese valor que ahora se apoya en el grupo Generación y el trío San Valentín, es el objetivo de la Escuela Municipal de Arte.

"Villarrica, en materia de talentos, está creciendo, porque las nuevas generaciones están con un alto índice cultural", destaca Marcos Vázquez. Y sus alumnos avalan con gestos. Porque todos sueñan ser artistas. El tiempo lo dirá. Por ahora, le tocan a la esperanza.

A puertas abiertas

El museo municipal Maestro Fermín López de Villarrica se ubica en la esquina de las calles Juan Pablo II y Natalicio Talavera. Recibe visitantes de lunes a viernes de 7 a 12, por las mañanas; y de 3 a 5, por las tardes. Los sábados, de 8 a 12.

Javier Yubi   

Gentileza de ABC Color, 5 de junio de 2005